Casa RIBA - Vivienda unifamiliar en Oropesa, Castellón

Así lo planteamos, así lo ejecutamos, así quedó

Memoria del proyecto

RIBA es una vivienda unifamiliar de obra nueva proyectada en Oropesa, sobre la Costa del Azahar, en un enclave donde el Mediterráneo y la sierra se enfrentan en equilibrio tenso y preciso. Un proyecto de Materia Estates desarrollado junto al arquitecto Eduardo Aparicio que toma esa dualidad geográfica como argumento fundacional: no como paisaje de fondo, sino como lógica que organiza cada decisión de proyecto, desde la orientación del volumen hasta la elección de los materiales.

La vivienda se dispone de forma paralela entre el mar y la montaña, asumiendo la tensión del lugar en lugar de resolverla. Tres materiales, un módulo estructural, una posición exenta sobre el territorio. Así se construye RIBA: con la economía de medios de quien sabe exactamente lo que busca.

Estado previo

Oropesa concentra una de las franjas litorales más singulares del arco mediterráneo valenciano. La Costa del Azahar combina vistas abiertas al mar con la presencia inmediata de la sierra, generando un paisaje de doble escala que pocos enclaves del litoral español pueden ofrecer. El solar donde se implanta RIBA presenta esa condición con especial intensidad: una topografía en pendiente pronunciada que cae hacia el agua y que impone, desde el primer análisis, una lectura marcadamente vertical del territorio.

El proyecto nace de la voluntad de no resolver ese desnivel, sino de habitarlo con precisión. La pendiente no es un condicionante a superar: es el material del que está hecho el lugar. La arquitectura lo acompaña, lo lee en sección y lo convierte en el elemento que da sentido a la organización de la vivienda en tres plantas que descienden con la topografía, desde la cota de acceso hasta el jardín en contacto con el mar.

Objetivos

El cliente buscaba una vivienda unifamiliar en primera línea de la Costa del Azahar con capacidad para acoger tanto la vida cotidiana como la presencia de invitados de forma completamente independiente. La relación con el paisaje era innegociable: cada estancia principal debía conectar visualmente con el mar, sin excepciones y sin jerarquías entre espacios de día y de noche.

El programa incorporaba, además, una unidad de invitados autónoma con acceso diferenciado, zonas de vida social en contacto directo con el jardín y una organización interior que garantizara privacidad sin renunciar a la apertura total hacia el exterior. Se buscaba también la máxima eficiencia energética, con una calificación A como objetivo desde el inicio del encargo, integrando el estándar de sostenibilidad en el propio concepto arquitectónico y no como requisito añadido a posteriori.

Estrategia

La estrategia de proyecto parte de un módulo estructural de 3,60 m que ordena con rigor toda la distribución interior. A partir de esa unidad de medida se generan dos pastillas longitudinales paralelas: una que condensa los núcleos de servicio —escalera, baños, instalaciones— y otra que libera las estancias principales hacia las vistas. El resultado es una planta de lógica clara y eficiente, donde cada pieza ocupa el lugar que le corresponde sin fricciones ni espacios residuales.

La vivienda se organiza en tres plantas que descienden acompañando la topografía del solar. En la planta de acceso se sitúa un apartamento de invitados independiente, con entrada propia y programa completo, que permite usos autónomos sin interferir en la privacidad de la vivienda principal. Las estancias más públicas —salón, comedor, cocina— se concentran en la cota más baja, en contacto directo con el jardín y con el horizonte marino como fondo permanente e invariable.

La condición exenta del volumen es una decisión de proyecto deliberada y central. La vivienda no se apoya en ningún límite de parcela, deja que el terreno respire a su alrededor por los cuatro frentes y otorga al paisaje el protagonismo que le corresponde. No hay fachada secundaria: todas las orientaciones se trabajan con la misma atención.

La calificación energética A se integra desde la concepción estructural del proyecto, no como capa técnica añadida al final. La orientación del volumen, la inercia térmica de los materiales, la gestión precisa de las aberturas y la protección solar estacional trabajan en conjunto para reducir la demanda energética al mínimo sin comprometer en ningún momento el confort ni la apertura visual que define la propuesta.

Proceso de ejecución

La paleta material de RIBA se reduce a tres elementos: vidrio, piedra y madera. Una restricción que no responde a austeridad, sino a una convicción proyectual: en un paisaje tan cargado como el de la Costa del Azahar, añadir materiales es restar claridad. Cada uno de los tres dialoga directamente con el contexto —el agua, la roca, la vegetación mediterránea— y juntos construyen una continuidad entre interior y exterior que es el rasgo más identitario de la vivienda.

El vidrio articula los frentes principales de las estancias de día. Los cerramientos acristalados de suelo a techo disuelven el límite entre la sala y el jardín, entre el comedor y el horizonte. La transparencia no es un recurso estético: es la respuesta técnica y sensorial a un paisaje que exige presencia constante, que no puede quedar reducido a una ventana encuadrada.

La piedra aparece en los planos de apoyo, en los elementos de mayor carga tectónica y en los espacios de transición entre interior y exterior. Aporta peso visual, textura natural y una temperatura material que equilibra la ligereza del vidrio y ancla la vivienda al territorio. La madera ocupa los interiores con calidez y continuidad: define techos, carpinterías y elementos de mobiliario fijo, establece la escala doméstica dentro de una geometría que sin ella podría resultar demasiado abstracta.

El conjunto se proyecta con un presupuesto de ejecución de 2.200.000 € y un plazo previsto de 18 meses, parámetros que reflejan con precisión la exigencia técnica del proyecto, la calidad de los materiales seleccionados y la complejidad de una implantación en pendiente que requiere una ejecución estructural especialmente cuidada.

Ficha técnica

280 m²

Superficie construida
Vivienda unifamiliar

A

Calificación energética
Máxima eficiencia prevista

2.200.000 €

Presupuesto de ejecución
Obra e instalaciones

3

Plantas
Organización en sección

18 meses

Plazo de obra
Ejecución prevista

3

Materiales
Vidrio · Piedra · Madera

Habitabilidad

Vivir en RIBA es habitar la dualidad de forma cotidiana. Desde cada estancia principal existen dos horizontes simultáneos: el mar abierto hacia el sur y la sierra contenida hacia el interior. Esa tensión entre lo vasto y lo próximo, lejos de generar inquietud, produce una serenidad particular — la que solo generan los lugares donde la naturaleza se organiza con una lógica que la arquitectura se limita a acompañar.

La calificación energética A garantiza un confort térmico estable a lo largo de todo el año mediterráneo, con una demanda mínima de climatización activa. La inercia de la piedra, la inercia acumulada en los muros, la protección solar integrada en las carpinterías y la ventilación cruzada entre fachadas trabajan de forma pasiva para mantener el interior en equilibrio con el clima sin fricciones mecánicas. La temperatura es una consecuencia de la arquitectura, no de la instalación.

La calidad acústica es otro de los valores intangibles del proyecto: la posición exenta sobre la parcela, alejada de cualquier medianería, y la calidad del acristalamiento generan un interior silencioso donde el único sonido exterior permitido es el que se elige escuchar. El apartamento de invitados independiente añade una dimensión de flexibilidad que transforma la vivienda según el momento y la necesidad: residencia íntima en el día a día, casa abierta y hospitalaria en los períodos de mayor actividad. RIBA no está pensada para un único modo de vida.

Entrega

RIBA es el resultado de una arquitectura que confía en lo esencial y no necesita más. Tres materiales, un módulo, una posición precisa en el territorio — y desde esa economía de medios, toda la complejidad necesaria para construir una vivienda que responde a su lugar con exactitud y sin concesiones. La restricción no empobrece: en este proyecto, es la fuente de toda la riqueza espacial.

Materia Estates incorpora este proyecto como expresión de una forma de entender la vivienda en el litoral mediterráneo que no busca impresionar, sino pertenecer. No se trata de un objeto de representación destinado a competir con el paisaje, sino de un instrumento de habitabilidad precisa que lo encuadra, lo acompaña y lo convierte en parte activa del programa doméstico. La arquitectura como mediación entre la vida y el territorio.

RIBA demuestra que la calidad no requiere complejidad. Requiere criterio, coherencia y la disciplina de no añadir nada que no tenga una razón de ser. En Oropesa, sobre la Costa del Azahar, esa disciplina produce una vivienda que pertenece exactamente al lugar donde está.

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