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Construcción

Cambiar la caldera por aerotermia: la decisión 2026

Cambiar la caldera por aerotermia consiste en sustituir la producción de calor por combustión por una bomba de calor que extrae energía del aire exterior y la entrega a la vivienda a baja temperatura. Por eso el resultado no depende solo del equipo: depende de cómo esté la envolvente y de si los emisores existentes trabajan a la temperatura que el sistema necesita.

Materia Estates · 18 de septiembre de 2026 · Actualizado: 25 de septiembre de 2026

Cambiar la caldera por aerotermia es la decisión de climatización que más se está planteando este otoño, y conviene entenderla antes de pedir precios: no es un cambio de aparato, es un cambio de forma de calentar la casa. Con el gas en el punto de mira y los inviernos cada vez menos severos, la pregunta ha dejado de ser si merece la pena y ha pasado a ser en qué casos sí y con qué condiciones. Esta guía ordena los criterios técnicos y los pasos prácticos para que la decisión no dependa del folleto del fabricante.

Qué es exactamente y en qué se diferencia de una caldera

Una caldera produce calor quemando un combustible. Una bomba de calor aerotérmica lo mueve: toma energía del aire exterior y la entrega dentro de la vivienda a una temperatura más baja. Esa diferencia explica casi todo lo demás — el rendimiento, el tipo de emisores que necesita, el ruido, el mantenimiento y hasta dónde va la unidad exterior.

El indicador que resume el comportamiento del equipo es el COP, el coeficiente de rendimiento: cuántos kilovatios de calor entrega por cada kilovatio de electricidad que consume. Es una cifra que varía mucho con la temperatura exterior y con la temperatura a la que trabaja el circuito. Por eso un mismo equipo da rendimientos distintos en Valencia y en la sierra, y por eso el dimensionado —no la marca— es lo que decide el resultado.

Frente a la caldera de gas, el sistema aerotérmico aporta tres cosas: no depende de un combustible fósil, cubre calefacción y refrigeración con el mismo equipo si se instala con ese alcance, y no tiene una combustión dentro de casa. Y arrastra una consecuencia de diseño que es la clave de todo el proyecto: trabaja mejor a baja temperatura.

Los emisores son la mitad de la obra

Aquí se decide si el cambio sale bien. La aerotermia entrega el calor a una temperatura menor que una caldera, así que necesita emisores capaces de calentar la casa con esa agua más tibia: suelo radiante, fancoils, o radiadores de baja temperatura con superficie suficiente. Lo importante no es el nombre del emisor, sino la superficie de intercambio y el aislamiento de la vivienda.

Por eso el primer paso serio de cualquier proyecto es un estudio del caso concreto: qué envolvente tiene la vivienda, qué emisores existen y a qué temperatura trabajan, y qué demanda real de calor necesita. Un equipo sobredimensionado se comporta mal —arranca y para, gasta y no calienta bien—, y uno infradimensionado se queda corto en enero. Cuando ese estudio no se hace, el problema no aparece el día de la instalación: aparece en la primera factura de invierno.

En pisos de barrios con edificación antigua, la reforma de la instalación suele ser la partida que más pesa, más que el propio equipo. Y no es un defecto del sistema: es que en esas viviendas no se cambia un aparato, se moderniza una instalación que llevaba décadas sin tocarse.

Cuándo merece la pena y cuándo no

La aerotermia encaja bien cuando hay que sustituir una instalación de calefacción de todas formas, cuando se busca salir del gas por criterio propio, cuando se aprovecha una reforma para unificar calefacción y refrigeración, o cuando existe ya un suelo radiante al que solo le falta una fuente de calor adecuada.

Es menos clara cuando la vivienda no va a tocarse, cuando la envolvente es muy mala y no hay margen para mejorar el aislamiento, o cuando el equipo actual es reciente y funciona bien: en ese caso conviene valorar el coste completo del cambio frente a la vida útil que le queda, sin prisa. La decisión honesta no es "aerotermia sí o sí", sino entender qué se gana en cada caso concreto.

La unidad exterior: dónde va y por qué condiciona el proyecto

La unidad exterior es la parte del sistema que vive fuera de casa, y su emplazamiento decide más de lo que parece. Necesita un sitio ventilado y accesible: si aspira su propio aire o queda encerrada en un hueco sin salida, pierde rendimiento y trabaja forzada; si no hay acceso para su mantenimiento, cualquier revisión se complica. Y necesita evacuar los condensados que produce, con un desagüe previsto, no improvisado.

En viviendas con patio o terraza propia, la decisión suele ser sencilla dentro de los límites de la ordenanza. En pisos, en cambio, el único sitio disponible puede ser un elemento común —fachada, patio de luces o cubierta— y entonces hay que comprobar dos cosas antes de proyectar: qué permite la normativa municipal y si hace falta acuerdo de la comunidad, porque la actuación afecta a un elemento común del edificio. Añadir el ruido de la unidad y su horario de funcionamiento a esa comprobación evita conflictos vecinales que después no tienen buena solución técnica.

Qué se puede reutilizar y qué no

Antes de presupuestar conviene separar lo que se conserva de lo que se sustituye, porque es lo que hace comparables dos ofertas. Normalmente se pueden reutilizar los emisores si su superficie de intercambio es suficiente para trabajar a baja temperatura, y buena parte del trazado de tuberías, siempre que su estado y su diámetro lo permitan.

Lo que casi siempre hay que resolver es otra cosa: el cuadro eléctrico y la potencia contratada, porque el sistema pasa a consumir electricidad donde antes quemaba gas; el agua caliente sanitaria, si se integra en el mismo equipo y exige acumulación; y el hueco que deja la caldera, que en muchos pisos es un armario o un cuarto que se puede reutilizar para el acumulador o para almacenamiento. Ese reparto es el que explica por qué dos presupuestos con el mismo equipo pueden diferir tanto: no están haciendo la misma obra. Si quieres situar el conjunto antes de pedir ofertas, puedes calcular un rango orientativo del coste de tu reforma con los datos de tu vivienda.

Los errores que se pagan en la primera factura

Hay cinco errores que se repiten y que no se ven el día de la instalación, sino con el frío. Sobredimensionar el equipo para ir sobre seguro hace que arranque y pare, con menos confort y más consumo. Elegir el equipo sin estudiar los emisores deja la casa templada pero no caliente. No mejorar la envolvente cuando la obra ya está abierta es la ocasión perdida más caras: el mismo sistema rinde mucho más en una casa que no pierde calor.

Los otros dos son de ejecución: tapar o recircular la unidad exterior, que es la forma más rápida de estropear el rendimiento, y no prever el desagüe de condensados, que acaba apareciendo como una mancha en la fachada o como una queja del vecino. La instalación térmica —como cualquier otra— se ejecuta coordinada con el resto de la obra, y así la planteamos en nuestras reformas: el equipo se dimensiona sobre el estudio, no sobre el catálogo.

El IVA y las ayudas: lo que conviene tener en orden

El tratamiento fiscal de una reforma asociada a eficiencia energética tiene condiciones concretas, y el tipo reducido de IVA no se aplica a cualquier obra: depende del tipo de intervención, de la antigüedad de la vivienda y de la documentación que se aporte. Igual ocurre con los programas públicos de ayuda a la rehabilitación energética: cada convocatoria fija sus requisitos y su documentación.

La consecuencia práctica es sencilla: antes de firmar, conviene saber qué se va a poder justificar. Una obra que busque acogerse a una deducción o a una ayuda necesita que el presupuesto describa las actuaciones, que exista un certificado de eficiencia energética antes y después cuando el programa lo exija, y que la documentación se conserve. Ver el detalle en la guía sobre la deducción por eficiencia energética y en la de IVA reducido en reforma evita descubrir a mitad de obra que faltaba un papel. La referencia técnica que ordena estas exigencias es el Reglamento de Instalaciones Térmicas en los Edificios, publicado en el BOE: fija las condiciones de eficiencia y de aprovechamiento de energías renovables que debe cumplir cualquier instalación térmica, incluida la que sustituya a una caldera.

Cómo pedir presupuesto sin perder el tiempo

Un presupuesto de aerotermia que se pueda comparar con otro debería decir, como mínimo: el equipo y su potencia justificada, los emisores que se van a instalar o adaptar, el trabajo eléctrico necesario, si se modifica la instalación de agua caliente sanitaria, la retirada de la caldera existente, la puesta en marcha y la garantía. Si falta la justificación de la potencia o no aparece el alcance de los emisores, no es un presupuesto: es una estimación.

El otoño es la estación sensata para plantearlo, porque el trabajo se ejecuta antes de que llegue el frío y porque permite decidir con calma. La pregunta que ordena todo lo demás no es cuánto cuesta el equipo, sino cuánto cuesta dejar la casa caliente en enero — y eso incluye lo que no se ve.

Qué pasa después: mantenimiento y vida útil

Un sistema aerotérmico tiene menos piezas de desgaste que una caldera: no hay combustión, no hay quemador y no hay revisión de gas. Su mantenimiento se centra en el circuito, los filtros y el estado de la unidad exterior, y en la revisión periódica que exija la instalación. La unidad exterior necesita un emplazamiento ventilado y accesible, y ese detalle —que parece menor— condiciona el proyecto en muchos pisos.

La vida útil del equipo y su rendimiento a lo largo del tiempo dependen menos de la tecnología que de tres cosas: que el dimensionado fuera correcto, que la instalación se ejecutara bien y que la vivienda no pierda el calor que se le entrega. Un sistema excelente en una casa sin aislar trabaja el doble para el mismo confort.

El criterio para decidir, en una frase: si la instalación de calefacción hay que sustituirla de todas formas y la vivienda permite mejorar su envolvente o sus emisores, la aerotermia es una respuesta sólida; si el equipo actual funciona y la casa no se va a tocar, no hay ninguna prisa que justifique forzar la decisión.

Preguntas frecuentes

¿Puedo poner aerotermia si tengo radiadores normales?

Depende de la superficie de intercambio y del aislamiento de la vivienda. La aerotermia entrega el calor a menor temperatura que una caldera, así que puede requerir sustituir o ampliar radiadores para que la casa alcance el confort con esa agua más tibia. El estudio del caso concreto es lo que lo determina.

¿La aerotermia sirve también para el aire acondicionado?

Sí, si el proyecto se plantea con ese alcance. Una misma bomba de calor puede cubrir calefacción y refrigeración, lo que permite unificar ambos sistemas en una sola instalación en lugar de mantener dos equipos independientes.

¿Es más caro cambiar la caldera por aerotermia que poner otra caldera?

La inversión inicial del sistema aerotérmico suele ser mayor que la de sustituir la caldera por otra de gas, porque incluye el equipo, la adaptación de emisores y a menudo trabajo eléctrico. La comparación con sentido incluye el consumo a lo largo de la vida útil, el mantenimiento y las ayudas disponibles, no solo el precio de entrada.

¿Dónde va la unidad exterior en un piso?

En un emplazamiento ventilado y accesible, con espacio para la entrada y salida de aire y sin recircular su propio aire. Si el único sitio disponible es un elemento común del edificio, hay que comprobar antes qué permite la comunidad y qué exige la ordenanza, porque esa condición puede decidir el proyecto.

¿Qué documentación conviene guardar de la obra?

El presupuesto detallado con las actuaciones, las facturas, la documentación técnica del equipo y los certificados de eficiencia energética cuando el programa de ayuda o la deducción los exija. Conservar esa documentación es lo que permite justificar la mejora después.

Interior luminoso de una vivienda reformada por Materia Estates
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